Fuck Up Night Madrid: qué aprendí cuando mi empresa se hundió
Este es el vídeo completo de mi charla en Fuck Up Night Madrid, del 20 de mayo de 2026: doce minutos, de pie, sin diapositivas, contando cómo se hundió un negocio que llevaba dos años funcionando solo. Grabada en directo ante el público del evento.
Lo que se cuenta
- · Cómo un blog de afiliación llegó a facturar 240.000 euros
- · El burofax que ignoré y el juicio que perdí
- · Qué pasa cuando un core update destruye tu única fuente de tráfico
- · Por qué hoy me dedico a la visibilidad en buscadores y en IA
Transcripción completa
De una web para un restaurante al marketing de afiliación
Esto empieza en 2018. Yo tenía 22 años y trabajaba en un restaurante con mi novia — vamos a llamarla Elena.
Habíamos hecho la web del restaurante y había funcionado muy bien. Tan bien que pensamos: ¿y si montamos algo nuestro?
Así descubrimos el marketing de afiliación: recomiendas productos y te llevas una comisión. La pregunta era qué productos. Estuvimos mirando muchos mercados y decidimos que los colchones eran el nuestro. Colchones, almohadas, productos para dormir.
Empezamos con Amazon porque es facilísimo: te registras y ya puedes recomendar. Y así fue como me convertí en influencer de colchones.
Los dos primeros años: casi nada
Creábamos muchísimo contenido en la web y en el canal de YouTube. Ese contenido atraía gente, la mandábamos a Amazon y, si compraban, nos llevábamos una comisión.
El primer año no ganamos prácticamente nada. El segundo, en 2019, unos mil euros al mes. Poco, pero crecía. Insuficiente para dos personas.
Ese año Elena y yo lo dejamos como pareja, aunque seguimos como socios.
El giro: cuando las marcas te llaman a ti
2019 no fue un gran año económicamente, pero pasó algo que lo cambió todo.
Nos contactaron dos marcas: ya estáis recomendando nuestros productos en Amazon, ¿por qué no nos mandáis el tráfico directamente y os pagamos más?
Lo hicimos y funcionó. Y para nosotros fue un cambio de mentalidad enorme: entendimos que nuestros clientes eran las marcas, no los usuarios.
Negociar era facilísimo porque yo les proponía cobrar solo si ellos cobraban primero. En pocos meses ya colaborábamos con más de 20 marcas.
2020: el confinamiento nos vino de cara
Cuando llegó el coronavirus, aquello fue un problema para casi todos los negocios. Para el nuestro no: era online, y de repente todo el mundo se peleaba por estar en internet.
Crecíamos mes tras mes. Las marcas nos mandaban productos sin parar, los probábamos y creábamos contenido sobre ellos.
El colchón que se rompió y el burofax
Una de esas marcas nos mandó un colchón. En pocos meses empezó a deteriorarse solo.
Así que hicimos lo que se supone que tienes que hacer: dar una opinión honesta a los usuarios y dejar de recomendar esa marca.
Y llegó un burofax. Retirad ese contenido o os llevamos a juicio.
Lo ignoré y seguí adelante. Ese fue mi error.
2021: el mejor año, y las primeras grietas
Facturamos 240.000 euros. Para mí era inimaginable.
Y por cierto, si alguien se lo pregunta: el dinero sí da la felicidad. No os voy a mentir.
Pero empezaron los problemas con Elena. No estábamos alineados ni en la forma de trabajar ni en la dirección que queríamos para la empresa. Lo seguimos intentando.
Febrero de 2022: empieza el juicio
Justo cuando empezó la guerra de Ucrania empezó también la mía. La marca en cuestión iba en serio con la amenaza.
Se abrió un proceso judicial de verdad y tuvimos que contratar abogados para defendernos.
A finales de ese año mi relación con Elena estaba rota y la situación era insostenible. En 2023 llegué a negociar con ella mi propia salida de la empresa.
La llamada: 1,8 millones de euros
Hasta que me llamó: Albert, acabo de hablar con los abogados. Hemos perdido el juicio. Tenemos que pagar 1,8 millones de euros.
Me quedé en shock. Tenía miedo y lloré muchísimo.
Llamé a los abogados y la respuesta fue simple: o llegas a un acuerdo, o cierras la empresa.
Elena decidió irse. Yo decidí quedarme, porque pensaba que podía salvarlo.
Mientras negociaba, se llevaron todo el dinero de las cuentas del banco. Me quedé literalmente a cero.
Diciembre de 2023: el acuerdo
Peleé muchísimo y conseguí el acuerdo. Y funcionó.
La empresa pudo cumplirlo —consistía en publicidad gratuita, por cierto—, pudo pagar todos los costes del juicio y de los abogados, y se resolvió el problema con Elena.
Y al final quedaba algo. No como antes, pero algo para pagarme a mí mismo. Era increíble.
Y entonces llegó un core update de Google
Estaba bastante contento, hasta que Google decidió que era el momento perfecto para lanzar una actualización importante.
La principal fuente de tráfico de mi web era Google. Esa actualización destruyó casi todo mi tráfico.
Y yo tenía que seguir cumpliendo el acuerdo, ahora solo con tráfico de pago, con Google Ads.
Lo intenté con todas mis fuerzas. Lo intenté hasta 2025, cuando me di cuenta de que aquello no era sostenible. Decidí cerrar la empresa y cerrar ese capítulo.
Lo que me llevo
Fue una experiencia muy dura. Difícil, frustrante, con momentos de miedo y de shock. Llevaba muchísimo peso sobre los hombros.
Y ahora me siento imbatible, porque los problemas me parecen bromas. Siento que tengo herramientas para enfrentarme a lo que sea.
Eso es lo que quería compartir.
(Broma: "Si una gran empresa te dice que te calles, te callas.")